viernes, 27 de julio de 2012
UN GILIPOLLAS MAÑANERO Y LA FABULOSA ALICIA MURILLO
Al entrar en casa diviso a María tumbada, espléndida y desnuda. Ya tenemos agua. Y yo me celebro por ser bollera. One more time.
Y aprovecho para colgar (si es que esta vez puedo, no, parece que no) uno de los últimos vídeos de la fabulosa Alicia Murillo en su serie El cazador cazado. Hoy hubiera sido una ocasión perfecta para grabar al mameluco que no ha podido resistirse a perseguirme e importunarme por el movimiento de mis tetas. Alicia explica detallada y certeramente qué hay detrás de esos piropos (qué palabra más horrenda) que tratan de resituarnos a las mujeres cotidianamente en la vulnerabilidad que nos reserva este heteropatriarcado tan asfixiante como el aire que me circunda hoy en Barcelona.
http://atravesespejoalicia.blogspot.com.es/
jueves, 28 de junio de 2012
SYLVIA RIVERA, NUESTRA MAMMA QUEER
Una vez el fabul-oso Francesco Macarone AKA Warbear me dijo que había conocido a Sylvia Rivera y yo me quedé con cara de ameba. Él, muy sabio y cero arrogante, me miró pasmado: ¿hablas de feminidades subversivas y no sabes quién fue Sylvia Rivera? La del taconazo contra la policía en los disturbios del bar Stonewall de Nueva York a finales de junio de 1969. Hoy 28J, celebramos que las bolleras, travestis y maricas una noche se hartaron del acoso, las redadas, las detenciones con posterior violación en comisaría, y resistieron durante tres días en una batalla épica que ha fraguado la leyenda de nuestra lucha por existir (y disfrutar) como desviadas sexuales. A pesar de que por mi ventana entra el aliento de las calderas del infierno -o quizás también por ello-, se me erizan hasta los pelos que he segado de todo mi cuerpo al pensar en Sylvia Rivera y en todo lo que aconteció aquellas largas jornadas que fundaron nuestra posibilidad.
Se encendía una luz roja en los tugurios del Greenwich Village, donde hoy una intersección de calles lleva el nombre de esta Mamma Queer, y todas las parroquianas sabían lo que iba a suceder. Entonces una ordenanza de la ciudad prohibía portar tres prendas o más que no correspondiesen al género médica y socialmente impuesto. Por supuesto, según unos códigos estéticos de binarismo heteropatriarcal de lo más rancios. Las marimacho y las travestis comenzaban a intercambiarse la ropa mientras la policía entraba como Atila, con la violencia que despliegan en cualquier parte del mundo al asaltar los zulos de las criminalizadas e indeseables. Pero aquella noche había muerto Juddy Garland y en el bar Stonewall celebraban un homenaje. Esta vez, estalló la rabia. Durante tres noches con sus días, la zona permaneció acordonada por la policía y las multitudes desviadas -lo que hoy llamaríamos queer o LGT- defendieron como fieras su pequeño pero imprescindible lugar en el mundo. La lesbo-homo-transfobia legal, social y cultural de aquella época sólo podemos imaginarla si recordamos las décadas de lucha que hemos necesitado librar desde aquel momento fundacional. Y para ello, como todos los pueblos y comunidades, hemos construido y narrado nuestra propia gesta. Se dice que Sylvia Rivera lanzó su tacón de travesti contra la policía. ¿Cómo no celebrar el 28J?
Como casi todas las mujeres trans que conozco, Sylvia tuvo que marcharse de casa siendo una niña. Abandonada por su padre y tras el suicidio de su madre cuando sólo tenía tres años, quedó a cargo de una abuela que nunca aceptó la feminidad manifiesta e irrenunciable de su nieto. Había nacido en Nueva York en 1951, en plena posguerra ultraconservadora y patriarcal. (Cuando pienso en toda la esperanza y la libertad que nos arrebataron tras la II Guerra Mundial me pongo muy conspiranoica, como diría mi querida Sayak.) Con once años, ya vivía en la calle arropada por una manada de drag queens. De origen portorriqueño-venezolano, fue puta, yonky, sin techo, transexual y activista siempre. Luchó contra la guerra del Vietnam, a favor de los derechos de las mujeres, de la gente sin hogar, de las adolescentes que tenían que fugarse de casa para seguir viviendo, de las lesbianas, gays y transexuales, de las trabajadoras del sexo, de la población chicana más joven y empobrecida, contra la estigmatización del SIDA y de los drogodependientes. Y cuando digo luchó me refiero a organizó, coordinó, protestó, arropó, formuló, visibilizó,... Fue incansable, callejera, desbocada. Y la encrucijada de opresiones (raza, género, clase, adecuación social,...) que marcó su vida explica mejor que nada qué es esa cosa del queer. Y también qué es esa cosa del feminismo. Incluso a los obreros de la construcción a quienes instruía en igualdad -con La Crisis se ha prescindido de estos contenidos en sus formaciones- les mostraba a Sylvia Rivera. Mujer, travesti, chicana, puta, yonky, sintecho, activista siempre. Ahí la tenéis. Fundadora de nuestra leyenda. Así que. celebrad, malditas.
Y, como a pesar de que las paroles me explicaron cómo subir vídeos, no tengo tiempo de seguir sus instrucciones, mirad esto!!!!
http://transexualidad-euskadi.blogspot.com.es/2006/04/sylvia-rivera-todava-la-recordamos.html
Me ha hecho llorar. "Los libros dicen que fui la primera en lanzar un cóctel molotov. Tengo que decir que fui la segunda." Así que fue mucho más que un tacón...
jueves, 26 de abril de 2012
martes, 6 de marzo de 2012
NO ME CREO QUE SEA ESA
Ayer me sumergí morbosamente en el telefilm que estrenaba Tele5 sobre la Pantoja. Esta mujer tiene menos esperanza de que la dejen en paz que Afganistán, como diría Doris Lessing. Para colmo, la cadena que levantó la veda sobre la tonadillera aprovechó el día que hubiera cumplido años su difunto y torero marido para dedicarle semejante regalo a ella. La película, para colmo del mal gusto, arranca precisamente cuando la viuda comienza a recuperarse emocional y profesionalmente. Y se centra, por supuesto, en la leyenda de su relación con la lesbiana más ultrapoderosa y megapérfida de todos los tiempos: Encarna (el Mal) Sánchez. Lo mejor que se ha dicho y se dirá sobre ellas fue aquel especial nochevieja 1991 de Martes y Trece. Yo lo vi en directo y no me enteré de nada, qué ingenua era. Pero me morí de la risa. Mucho después llegó El Tomate como lo cuatro jinetes del apocalipsis, y me enganché cual mona a su árbol. Cómo se sobraban, por Dior. Llegaron a señalar que, cada vez que Encarna llegaba a Barcelona, desaparecían varias púberes vírgenes. Eso sí que es encarnar a la lesbiana aristocrática y depredadora al gusto del imaginario más heteropatriarcal. La Barberá parece una teletubi al lado de la maligna Sánchez. No de Marta, claro está. (Jo, por qué estaré tan brillantemente dotada para formular temas de tesis y tan vagamente para acometerlas. Imaginad: Dos rubias Sánchez, dos modelos contrapuestos de mujer. Ya me acusaron una vez en Gente de "llevar a la Pantoja a la universidad" cuando impartí en Sevilla un taller de Pantojismo. Hasta pusieron unas declaraciones de la mismísima hastiada de que todo el mundo quiera aprovecharse de su nombre. Justo acababan de detenerla por el caso Malaya y las cámaras nos perseguían a nosotras. Hasta una redactora del programa de AR le interrogó a Beatriz Preciado -organizadora del seminario- por la teoría qeerr. En cuanto comprendieron que éramos unas freakis feministas, pasaron para siempre de nosotras, afortunadamente.) viernes, 24 de febrero de 2012
MARIEL...

Quizás no llegué a toparme con ella más de cinco veces pero ayer, al enterarme por Ca la Dona de su muerte, lloré como una niña. Joder, el mundo es mucho más prometedor cuando una sabe que lo habitan mujeres como ella. Abogada, investigadora, activista, volcada en las mujeres migrantes. Con su melena de amazona que olía a tierra tras una tormenta de verano y una fuerza cálida e irónica que te envolvía en su presencia. La recuerdo saliendo de aquella reveladora conferencia de Beatriz Preciado en el MACBA en 2002. Todas delirábamos de admiración ante nuestra mesías queer. Y Mariel Araya exclamó divertida: "es todo muy interesante, pero yo soy feminista de la diferencia. Y las feministas de la diferencia somos huesos duros de roer". Hoy más que nunca me encantaría charlar con ella sobre lo que he llegado a entender como excesos en las posturas más desgeneradoras que nos abocan a un salto al vacío. O ni eso. Más bien a interminables debates palaciegos que ahuyentan a menudo aquellas alianzas que decían propiciar. Cada día entiendo el feminismo más como un péndulo dulcemente escacharrado que nunca llega a quebrarse. Y los excesos son para mí tan necesarios como inevitables.

miércoles, 22 de febrero de 2012
ENTREVISTA (íntegra) EN AUX MAGAZINE

SILVIA ANDRÉS. El verdadero problema vasco, como cantaban Lendakaris Muertos, es que aquí no se folla. Si ‘el otro’ está ahora en vías de solución... ¿podremos conseguir acabar también con este? Es, en esencia, la pregunta que recorre el fresco, realista y divertido libro de la periodista y productora postporno Itziar Ziga (Rentería, 1974), titulado ‘Sexual Herria’. Esto no va de gags a lo ‘Vaya Semanita’. No. No. Es un ensayo, una exposición -casi una bofetada de realidad- de las causas y las posibles soluciones “para llegar a una Euskal Herria reputificada”.
Mucho Guggenheim, mucho metro, nuevo estadio de fútbol y... ¡en Bilbao no tenemos lujuria! ¿No crees que las jóvenes generaciones ya están poniendo remedio?
Hummmmm. Yo siempre escribo para accionar. El fatalismo no deja de ser una mueca de dominadas. Contra ello, rescato y reinvento a nuestras antepasadas putas, las sorginas. Y grito (de placer): no siempre fuimos un pueblo apocado y minimalista.
Y va el Ayuntamiento y encima pone una ley contra las conductas incívicas. ¿Qué pasa, que quieren que seamos una ciudad cosmpolita y encima tengamos menos lujuria?
El ayuntamiento de Bilbao se ha cubierto de gloria con una ordenanza que prohíbe el sexo callejero, no sólo ya la prostitución. Regulan lo innecesario para que nos sintamos culpables hasta de lo que no hacemos. ¡Maldito catolicismo! Espero que, con lo dadas que somos a contrariar, nos dé por follar como locas a pleno sol. O xirimiri.
¿No será que somos unos expertos en el onanismo y nos da pereza socializar?
Por mucho que te gustes a ti misma, nadie desprecia carne ajena. Sospecho que se nos instaló, con la leyenda del rh negativo, reivindicar la discreción como seña identitaria. Nunca entenderé porque exhibimos orgullosas nuestro alcoholismo y criticamos sin embargo la lujuria expuesta. ¿Qué tiene de interesante defender esa separación tan estricta entre ser putas en la cama pero monjas (o gudaris) en las calles?
Cada vez quedan menos paraísos lascivos y habitables a los que huir. ¿Alguna pista por si no conseguimos reputificar Euskal Herria?
Desde mi sexilio personal, siempre recomiendo a toda vaska que desee empoderarse como golfa una temporada en Barcelona. Hay otros supuestos edenes tropicales que a mí me resultan de un machismo insoportable. De todas formas, prefiero celebrar cada día el advenimiento de Sexual Herria. Ya no tengo ganas de sexiliarme indefinidamente más.
Dices que “te bajas las bragas” antes quien haya sido capaz de transitar una vida guarra y plena sin necesidad de escapar de Euskal Herria. ¿No conoces ni un solo caso? ¿Ni uno? ¡Socorro!
¡Quien soy yo para hablar de las trayectorias sexuales de las demás! No es mi intención. Sí que he conocido, en carne propia y ajena, sexilios de vaskas hacia Barcelona en busca de esa liberación que significa dejar de sentirte autovigilada, por ti y por el pueblo. Ese maldito "qué dirán" que nos coloniza para marchitarnos en la flor de la vida, que es siempre. Pero si que me han contado que hay quien se los pasa teta sin cruzar nuestras mugas. Y esto sólo confirma lo que yo sospecho: que la mojigatería nos ha sido impuesta, por tanto, es reversible.
Se adoctrina a los hombres a ser homófobos y demostrarlo. Y a las mujeres a negar que son putas. ¿Somos más putas las chicas y más maricones los hombres de lo que piensan?
Of course. Lo más interesante es comprobar cómo se nos insiste tanto desde la moral establecida, es decir, la que naturaliza nuestra dominación, para que temamos más que al diablo a desear ser maricas, bolleras, travestis o putas. Las parias del género. El estigma puta domestica a las mujeres para conformarse en los frustrantes límites de la feminidad adecuada, por lo tanto, subalterna. Incluso a defenderla como si fuera un privilegio en vez de una maldita trampa que te condena a una vida frustrante y aburrida.
¿Pero quien tiene el problema realmente? Los hombres o las mujeres o ambos. Porque si preguntas todos dirán que quieren follar. Entonces qué pasa, ¿es falta de comunicación o mentimos?
Respecto a la heterosexualidad (obligatoria, y ese es el problema), se programa a mujeres y a hombres para no entenderse. Ninguna revolución que pretenda una sociedad más justa y habitable se alcanzará sino desintegramos la desastrosa cultura del amor romántico que hemos heredado ni el heterodestino. Los cortejos, por ejemplo, en nuestros bares son dantescos.
¿Has dilucidado si mostrar cuerpos de mujeres es opresivo o puede ser liberador?
Uno de los grandes retos del feminismo ha sido arrancar al patriarcado el monopolio de la representación femenina. Llevamos décadas reinventando nuestra desnudez, nuestra imagen más sexual. Eso de que las feministas odiamos la pornografía es una leyenda urbana alimentada por el patriarcado para defenderse de nuestra insurrección, para ridiculizarnos. Y para, de paso, volver a despojarnos de nuestra autodeterminación sexual. Hay muchas feministas ahora mismo creando porno, pasen y vean.
Gayle Rubin dice que “La única conducta sexual adulta legal en todas partes es colocar el pene dentro de la vagina en el matrimonio”. Dios mío, ¿todavía no hemos superado esa etapa?
La historia no es lineal y ascendente, el progreso miente. Hay épocas de regresión de valores, que suelen ir de la mano con crisis económicas programáticas, en las que la moral hegemónica pega un golpe encima de la mesa en plan “se acabó el buen rollo”. Foros de la familia heteroespanyola (no es delirio mío, fíjate en qué bandera blanden) que salen a las calles para que maricas y bolleras no tengamos ningún derecho. Y sino estamos alertas, pueden volver a meternos en el armario de la miseria sexual otra vez a todas. Y a todos. La homofobia, por ejemplo, afecta a toda la población porque regula lo que se considera sexualmente adecuado o aberrante. Pero suele pasar que cuando llaman a tu puerta, ya es demasiado tarde.
Afirmas que las vascas carecemos de atractivo sexual para España. ¿Seguro que no les ponemos un poco y simplemente no lo dicen?
Jajaja, esta es una de las afirmaciones macarras con las que adoro decorar mis libros. Me refiero a que el prototipo de vaska es una mujer fuerte, decidida y con mala hostia. Pues qué bien. “Dame mujeres con carácter”, solía decirme mi amona. Las que habitamos los límites de la feminidad solemos ser retratadas como abyectas sexualmente. Aunque por otro lado, los machos desean en secreto aquello que más temen.
A pesar de todo este panorama nos das esperanza y aseguras que la “¡la euskal mojigatería tiene cura!”. ¿Para cuándo? ¿Por dónde empezamos?
Creo que estamos viviendo un momento históricamente prometedor, hemos salido de una encrucijada. Podemos empezar a mezclarnos más sin mantenernos tan sectarios. Nuestra gudari interior puede empezar a destensar su postura marcial y hacer la puta. ¡Qué así sea!
lunes, 30 de enero de 2012
ASUNTOS TE(x)TILES
Ay, el revuelo que puede llegar a desencadenar una teta. Últimamente, la inconveniencia de mostrar un pecho femenino me arrastra a los lugares más insospechados, tribunal inclusive. Ahora Facebook (esa obsesión colectiva a la que me he negado por ahora, ¡yo lo que necesito es menos hiperrelación y más filtros, no mayor accesibilidad!) ha censurado la portada de Sexual Herria de la página de Txalaparta. Esa maravillosa teta de mi amada María les resulta inacepatble a los reguladores morales de la red social. Yo me pregunto, ¿sólo les molesta esa emergencia mamaria o también que se dé en medio de una erótica lésbica? Hummm, a mi no me cabe la más mínima duda. Porque la portada de Sexual Herria, obra del genial Rodrigo Van Zeller, a mí me parece tierna, costumbrista, hasta algo contenida. Que María y yo aparezcamos más hieráticas de lo habitual en esa instantánea fue casual: los malditos mosquitos tigre, la altura de la roca y mi rodilla izquierda, magullada por una lesión todavía sin diagnosticar que me hice en la fiesta de la Muestra Marrana cuando emulaba a un híbrido entre Jennifer Beals en Flashdance y algún dantzari en pleno aurrezku. Pero a mí me encanta esa cierta timidez que desprendemos porque encaja providencial..., qué coño, brujerilmente con esa reputificación de la que hablo en el libro. Además, no soy gilipollas, no voy a autoboikotearme publicando una foto en la que yo pienetro a María, por ejemplo, con primerísimo plano de vagina dentata. Una vez José Pons, mi editor de Melusina, me recomendó que no reprodujera el dibujo íntegro que las fabulosas O.R.G.I.A. me habían entregado para Un zulo propio porque entonces el libro no se exhibiría en los escaparates ni expositores. Y quizás alguna lectora más tímida no lo leería en el metro para evitar acosos y réprobas miradas. Y yo adoro los escaparates y a mis lectoras. Así que entre todos ideamos que la portada fuera esta...
... y, al desplegar la solapa aperecía esta.
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Por aquella época, entrevisté a la genial cineasta iraní Firouzeh Khosrovani. Y me pareció tan lista, tan guapa y tan maja que le regalé Un zulo propio. Ella ha decidido vivir en Irán y luchar por la apertura social allí. (Ahora se me ocurre que vaskas e iraníes compartimos una entrega tozuda e irresistible a nuestro pueblo, de ahí mi retroséxodo.) Así que le dije: qué bien, un libro mío llegará a Irán antes que yo. Entonces ella vío el dibujo completo de la solapa, con giganta a punto de devorar vaginalmente la torre Agbar, sonrío y me dijo: me temo que no, podría tener problemas al entrar en mi país. Me escribió al poco tiempo para decirme que el libro le había encantado. Ella tiene un documental maravilloso, Rough cut, en el que retrata la ingeniosa resistencia de comerciantes textiles en Teherán para no acatar la norma de los guardianes de la revolución islámica que les prohibe mostrar las prendas sobre maniquíes de cuerpos contundentemente femeninos. Volvemos a las tetas, a las caderas, a las redondeces. Hay qué joderse, qué obsesión contra la voluptuosidad. Me alucinó conocer la destreza con la que tenderos de pequeños negocios reproducían cuerpos de mujer a través de un entramado de hilos colgantes. Porque las que estaban prohibidas en sí eran las maniquíes. Y, una vez más, la astucia burló a la estupidez de la censura. Para concluir: mi teta y yo. No vaya a decirse por ahí que sólo me gusta mostrar (problematicamente) las de las demás
Y la nota de prensa de Txalaparta sobre el asunto tetil...
Mediante esta nota de prensa, deseamos comunicar a la opinión pública que Facebook ha decidido retirar de la página que Txalaparta tiene en dicho sitio web la portada del libro Sexual Herria, de Itziar Ziga, porque, al parecer, incumple las normas de dicha empresa. Desgraciadamente, no es la primera vez que sufrimos este tipo censura; cabe destacar que algo similar nos ocurrió con el video de la presentación del libro Pornoterrorismo, de Diana J. Torres, que fue retirado hace nueve meses de Youtube aduciendo razones similares. En ambos casos, lo único que se muestran son unos pechos de mujer. Al igual que hicimos entonces, volvemos a denunciar públicamente la falsa moralina y el ataque a la libertad de expresión que supone esta censura sexual y, en general, cualquier tipo de censura. Podemos contemplar en Internet o en cualquier medio de comunicación, torsos desnudos de hombres, ejecuciones, agresiones y fuerza bruta, matanzas de seres humanos o animales, imágenes inmorales e indecentes del hambre que ocasiona ese mismo sistema que “vela” por nosotros, por nuestra moralidad. Sin embargo, se censura la portada de un libro que muestra el pecho desnudo de una mujer.
Ante estos hechos, queremos denunciar la moral sexista y heteronormativa que impera en nuestra sociedad y que, precisamente, queremos combatir mediante libros como Pornoterrorismo o Sexual Herria. Está claro que esta lucha tiene muchos campos de batalla y, sobre todo, que está todavía por ganar. Por todo ello, hacemos un llamamiento a la sociedad a denunciar y combatir este tipo de ataques de índole neoconservadora.


