martes, 24 de febrero de 2009

absuelto por su pánico homosexual

amiguitas bollos, marikas, trans... y de todo disfrutando de una tarde mágica de amor en manada... en nuestra casa...
en memoria de Isaac y Julio...
¡siempre nos protegeremos de los imbéciles, nunca volverán a compartir nuestros preciosos espacios...!
en doloroso y rabioso homenaje a nuestras hermanas de Vigo que perdieron sus vidas a manos del Machismo...
no podemos ser tan generosas con quienes quieren aniquilarnos!!!!
millones de abrazos para las familias de Isaac y Julio
y nuestro caluroso recuerdo de hermanas...



Un jurado popular absuelve al asesino confeso de una pareja de maricas.
El agresor aduce que les asestó 57 puñaladas, prendió fuego a los cadáveres y al piso y robó todo lo que pudo en legítima defensa. Según el asesino absuelto -y según el jurado popular que le ha creído- la pareja trató de violarlo. Y él tiene pánico a la violación. Eso sí, dicho jurado le condena por haber incendiado el inmueble. Acabo de escuchar a un representante de una asociación gay -Milhombres-. Su análisis me ha impactado: al jurado le importa un rábano que dos maricas lujuriosas hayan sido brutalmente asesinadas, pero las maricas no vivían solas en el campo. Las maricas seguramente tenían vecinos heterosexuales y si prendes fuego a los cadáveres de dos maricas que tú has apuñalado, pones en riesgo la vida y los hogares de las familias decentes que viven en la misma escalera.
No dudo que esa ha sido la reflexión desde la que un jurado popular absuelve a un hombre de matar a dos maricas pero lo condena por incendiar un piso de un bloque de familias.
No tengo la menor duda de que al machorro temeroso de que violen su sagrado culo lo van a terminar condenando por estos asesinatos y por su extrema crueldad. El próximo juicio no será con jurado popular y ningún magistrado se atrevería a absolver a un asesino torturador por su miedo a ser violado. Pero el daño está hecho. Y nuestra rabia vuelve a ser desatada.
Me hace mucha gracia lo del miedo de los machos a ser violados. A mí, que como mujer por supuesto me ha tocado ser violada, me entran ganas de reír (ya sólo vomito por borrachera, nunca por dolor, me lo tengo prohibido).
Claro, los machos temen ser violados por otros machos. Saben perfectamente que los machos violan, ellos lo han hecho. Claro que los machos violan a maricas, mujeres, niñas y niños.
En la cárcel es posible que no violen a este energúmeno: al fin y al cabo ha matado a dos maricas. Los demás presos probablemente no estén cabreados por ello. Mejor así, en el fondo lo que los machos más temen es lo que más desean. Así se explica el llamado pánico homosexual que asegura al heteropatriarcado la continuidad de la homofobia.
Terminarán condenándolo, no tengo la menor duda. Y quizás se replanteé el sistema de juicios por jurado en una sociedad tan contaminada televisivamente por todos los discursos de odio hegemónicos. Y quizás alguien se atreva a pedir cuentas hoy también a la conferencia episcopal y a su mismísima y nada graciosa majestad sofía por haber contribuído a extender la idea de que las maricas no merecen ser tratadas como las personas decentes.
Hoy también se ha sabido que el Solitario tendrá que cumplir integramente los 47 años de cárcel por el asesinato de dos guardías cíviles. A pesar de que ese juicio huele a chamusquina desde el principio. (No se podían permitir un héroe popular ladrón de bancos y anarquista, le endiñaron esas dos muertes para oscurecer su leyenda.)
47 años por matar a dos policías
0 años por matar a dos maricas
2 años por violar a tu hija menor
.... seguro que podéis completar la macabra lista
Otra cosa: Me pongo un poco madre, lo siento.
Queridas amigas maricas mías. Por favor, mirad con quien coño os vais. Aunque tengáis polla, sois unas maricas inferiores agredibles para los machos. Nosotras las chicas somos más vulnerables y por eso nos lo hemos tenido que currar más. Hemos aprendido a defendernos y a reconducir nuestro deseo por supervivencia
A algunas de vosotras maricas mías os he visto poneros en peligro por un rabo maloliente. Se os a ido la cabeza, os lo habéis llevado a casa y a poneros de popper hasta perder el sentido.
Alguna vez nosotras nos hemos tenido que tragar el acoso del machorro con el que queriáis ligar.
Tenemos que ser más listas, el mundo está lleno de garrulos.
El machorro que se irá con vosotros para que se la comáis, después de correrse puede tener una reacción violenta avergonzado de su deseo proscrito. La homofobia y el pánico homosexual son una bomba de relojería en estos energúmenos. Igual que el machismo.




martes, 27 de enero de 2009

por mí y por todas mis compañeras


Ayer acudí al acto conmemorativo en recuerdo de las víctimas del holocausto nazi en el Parlament de Catalunya. Me vestí de negro transparente y riguroso, como huerfana que me siento de millones de personas. La tarde se fue enfriando con un viento sobrenaturalmente gélido en esta ciudad casi tropical. Al llegar nos enteramos de que el excelentísimo no pensaba agasajarnos con cava, qué pena. Nuestras antepasadas encerradas, torturadas, privadas de todo, famélicas y asesinadas se merecían unas copitas de vino burbujeante. Y nosotras también.

Nada más llegar divisé un grupo de gitanos y ya me sentí en familia, en la extraña familia que conformamos las perseguidas. Allí estábamos otra vez todas juntas: las judias, las bolleras, las maricas,... Pero faltaban otras compañeras de barracón: las raras, las discapacitadas, las comunistas, las resistentes,...

Podría hablar largo y tendido sobre esas ausencias. Pero prefiero sacar otras cosas que se me desataron una vez más en aquella sala impoluta superpoblada de fantasmas.

A quienes fuimos exterminadas por el fascismo ario no se nos señaló al azar. De hecho, desde los terroríficos reyes católicos españoles -glorificados todavía hoy por la historia infame que explican en las escuelas- hasta casi cualquier estado actual en este jodido planeta, las humanas a las que se nos trata de condenar a una vida inhabitable seguimos siendo las mismas. Y no nos queda otro remedio que mantener la guardia vigilante si queremos seguir vivas.

Un ojo siempre abierto para detectar cualquier aumento del racismo, la xenofobia, el machismo, la homofobia y todas las rarofobias que cruzan los discursos que no cesan, la canción de siempre. ¿Acaso no es antisemita seguir obviando que siempre convivieron -y conviven- judías entre nosotras?
Ayer recordó un representante de las testigas de jehová todos los genocidios que han teñido de sangre las páginas de nuestra historia planetaria desde que los campos de concentración nazis fueran clausurados -y visibilizados- el 26 de enero de 1945. Tantos millones de fantasmas no convocados hubieran derribado ayer el edificio del parlament. Entre ellos, muchos espíritus recientes asesinados en Gaza durante las últimas semanas por el estado -que no pueblo- israelí.

Quienes fuimos conducidas al inmenso matadero del III reich seguimos en peligro, bien que lo sabemos.

La activista lesbiana Elisabeth Vendrell recordó ayer el significado del triángulo negro. Este distintivo entre prisioneros se reservaba a indeseables y subhumanos. Entre ellos: lesbianas, mujeres autónomas, madres solteras, prostitutas,... Insurgentes frente al machismo. Y había muchas a las que represaliar: alguien me dijo que en el Berlín de principios de los años treinta cada noche encendían las luces más de doscientos bares de bolleras. Una explosión de libertad que el heteropatriarcado blanco -disfrazado esta vez de nazismo- no podía tolerar.

Tampoco debemos olvidar que la clausura de aquellas cárceles del horror no supuso la libertad de todos los prisioneros. Los supervivientes que portaban el triángulo rosa de las maricas fueron enviados directamente a la cárcel por pervertidos.
Y que el abominable Berlusconi -heredero del fascismo italiano de aquella época- acaba de promulgar leyes antigitanas.

Los nazis se devanaron los sesos clasificándonos a las torcidas. Si además de judia eras puta o lesbiana, sumaban al triángulo amarillo otro negro para formar la estrella de david. ¿Y si también eras coja y anarquista? Las discriminaciones se acumulan, no son excluyentes.

Ante tanto dolor y tanta rabia, prefiero salir a mis bares de extraviadas trazmarikabollos que siguen encendiendo sus luces y emborracharme como debieron hacerlo mientras pudieron aquellas miles de antepasadas. Y seguir luchando. Por mí y por todas mis compañeras.
¡A vuestra salud, hermanas torcidas de todos los tiempos!

jueves, 4 de diciembre de 2008

BEATA OCAÑA, ¡VIVA!

La alegre comitiva partió puntual al llegar el carro de caballos a la puerta de La Rosa De Vietnam, en la calle Peu de la Creu del Raval. Eran las cinco y media de la tarde de un sábado de noviembre, la luz se despedía blanquecina, como en un sueño. Dentro del carro, dos damas con peineta, mantilla y minifalda. Travestis de las de antes, locas y precarias, nada impecables. Un chico trajeado cual ganster llenaba la estrecha calle con la melodía ininterrumpida de su saxo, esa música que recorre la película de Ventura Pons y que te transporta a las Ramblas cuando todavía no eran una cinta transportadora de turistas huraños y desconfiados, a las Ramblas de finales de los setenta en las que Ocaña era su indiscutible y descarada reina.
En la calle aguardábamos una veintena de procesionarias. La maestra de ceremonias con túnica blanca, corona de hojas y maquillaje sabiamente descuidado repartía claveles rojos. Tras el carro de caballos, fueron saliendo los dos pasos tambaleantes. Las dos vírgenes de papel maché rodeadas de lirios blancos a hombros de la corte de costaleros: las maricas de ayer y de hoy. Los claveles empezaron a volar hacia las vírgenes al grito de: Ocaña Beata, ¡viva!
Partió la procesión alegre y desordenada.
Los niños y las niñas ya no salen solos a la calle, salvo en El Raval. Una manada de pequeños -rumanos, pakistanies- se sumaron al cortejo curiosos y animados. Lanzaban los claveles y no se perdían un detalle de la feliz comitiva.
Lolito Power dió relevo a uno de los costaleros, que era demasiado alto y acusaba su espalda. Y pudo portar emocionado a la virgen de las desviadas.
Algunas viejitas se asomaron a la calle desde sus balcones atraidas por el jaleo. Al ver pasar a la virgen, sacaron de no se sabe qué cajón confeti. Y lo lanzaron sobre nosotras como nieve mágica.
Las damas de mantilla y plataformas posaban ante los pasos. En un momento, el carro que precedía el desfile, equivocó el rumbo y bajó la calle Joaquin Costa. Los caballos no tienen marcha atrás. Las vírgenes y sus seguidoras alcanzamos la Plaça dels Àngels e hicimos círculo frente al MACBA, entre grupos de skaters y viandantes que ya no se sorprenden por nada en Barcelona. La maestra de ceremonias procedió a la beatificación: posó una corona de ángeles manufactura de la artista y pre-beata sobre un capgros. La lluvia de claveles rojos no cesaba.
Por fin llegó el coche de caballos tras rodear la plaza, las damas andaluzas se bajaron y una de ellas -me dijeron que era la Fernanda, hermana ramblera de Ocaña- leyó un poema.
Ocaña alcanzó el Sol. Había muerto hace 25 años en su pueblo de Sevilla incendiado en un traje de fiesta: sólo a una diosa se le ocurre prender vengalas a un vestido con forma de estrella de plástico.
En medio de la celebración, vimos a nuestros pequeños y espontáneos acompañantes. Se habían subido al carro de caballos. Ocaña hubiese estado orgullosa de que en su homenaje unos niños emigrantes callejeros se sumaran con tanto descaro y alegría al festejo.
Habrá quien piense que Ocaña se merecía mayor recuerdo. Yo creo que la Barcelona institucional de hoy, tan pija, tan rancia, tan depredadora, no se merece memorar a Ocaña. Sería un insulto para este artista trasgresor, marginal, popular y dichoso. Las maricas y las travestis que fueron sus hermanas, las que sobrevivieron a la represión franquista, al sida, al alcóhol, a la tristeza de ver morir la Barcelona fructífera y subversiva con Ocaña, estaban allí aquella tarde. Las otras, las que viven pero les ha convenido olvidar, no estaban. Y las que llegamos más tarde, las que bordeamos cada día la Rambla para no transitarla tan degradada -salvó en aquella mítica acción de post_op en 2004 frente a la Boquería-, las que hallamos en las oscuras calles del Raval nuestra guarida, nuestra liberación, las que no conocimos a Ocaña pero sentimos su risa bajo la piel, algunas de nosotras estábamos allí. Orgullosas, sintiendo por un ratito la vibración de aquella Barcelona pobre, nada fashion, cabaretera e irreverente.
BEATA OCAÑA, ¡VIVA!

No os perdáis este video: la reina travesti desfila por La Rambla. Las gentes "normales" saludan a Ocaña y le dejan pasear a su bebé en el carrito, ¿alguién me va a decir que hoy somos más libres y tenemos menos miedo al otro?